¡Juicios!
Llegamos al meollo del asunto, ese punto focal en donde convergen
nuestras maravillosas y preciadas opiniones, que decimos y pensamos que son la
absoluta e inmutable realidad misma, en donde no cabe otra idea disruptiva o diferente
porque es así y punto! Conoces alguien así? Quizá alguien que lee este post y está
sentado en tu silla? O también cabe la posibilidad de que reconozcas a alguien
cercano a ti con estas características, esto se debe a los juicios.
Como te comentaba en el post anterior ( si no lo lees te lo perderás),
los juicios son nuestras opiniones y percepciones, no son buenos ni malos
simplemente son parte de nuestro mundo lingüístico como seres humanos.
Empezamos desde pequeños a forjar nuestros filtros con
experiencias que vamos teniendo, y es de esa manera que tenemos opiniones acerca
de cosas, situaciones, emociones, personas…
La mayoría de los conflictos se generan cuando confundimos
deliberadamente afirmaciones con juicios.
Te ilustrare cuáles son sus diferencias:
*Afirmaciones: Son un tipo de declaración que se puede comprobar,
ejemplo, Samuel mide 1,63.
*Juicio: Un tipo de declaración que pertenece a mi propia percepción
u opinión ejemplo, Samuel es bajito.
La cosa con los juicios empieza a empeorar porque en definitiva el
lenguaje es generativo, crea realidades. Si yo digo: Samuel es bajito, no
cambia su estatura pues antes de declararlo se puede comprobar que su estatura
es de 1.62 (afirmación), no obstante después de anunciar mi juicio Samuel puede
sentirse mal por su estatura generando una realidad diferente a la que existía antes
de decir el juicio.
Así como este simple ejemplo podemos ver en nuestra cotidianidad
como confundimos afirmaciones y juicios y declaramos deliberadamente nuestras
propias percepciones sin percatarnos las consecuencias que estas puedan
generar, en definitiva esta amenaza aumenta cuando existen diferencia cronológicas
muy marcadas entre los participantes de la conversación, ya que los estándares,
motivaciones, necesidades y experiencias de cada uno son significativamente
distintas.
Esta nueva consciencia del lenguaje es muy reveladora cierto? A mí
me cambio la vida. Cada vez que pienso emitir un juicio pienso, es mi propia percepción?
Lo puedo comprobar? Puedo generar una realidad distinta a partir de este
juicio? Para que voy a declararlo? Cuál es mi real necesidad al conversar
acerca de lo que opino? Todas estas preguntas me hacen conscientemente
competente a la hora de conversar con otra persona, sobre todo si entiendo que
es una persona que tiene estándares de opiniones muy diferentes a las mías.
Obviamente no me la paso preguntándome todo esto antes de abrir la
boca, debo ser muy sincera, sin embargo cuando son conversaciones realmente transcendentales,
donde debo conciliar, llegar a un acuerdo, hacerme comprender, comprender
rigurosamente la opinión del otro, coordinar acciones, cerrar un negocio y otro
tipo de cosas que sean relevantes, me hago mi check in antes de emitir mis propios
juicios.
En definitiva querido lector, esta ha sido mi capsulita de antídoto
contra la epidemia que vivimos de malas conversaciones y relaciones rotas por
desconocimiento del mundo lingüístico y de cómo este nos afecta directa e
indirectamente. .
Más adelante seguiremos hablando de los juicios y de cómo podemos desmenuzarlos
para que por fin podamos llegar a ese punto de ser inconscientemente
competentes a la hora de forjar relaciones interpersonales e
intergeneracionales.
Déjame saber qué te parece?



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